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En este número

Encuentro con Elisabeth Shüssler Fiorenza

Extraterrestre residente

Traducción de la Conferencia de Elisabeth Schüssler Fiorenza

Discipulado de iguales: experiencias desde Bolivia


Números Aire de Dios
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Feliz 2012!!!

A quienes nos siguen en “Aire de Dios” primeramente desearles un año lleno de bendiciones. ¡Que Dios ilumine sus trabajos a favor de la construcción de un mundo y una iglesia inclusivos!

En este número es una alegría el poder presentarles un acercamiento al trabajo de Elisabeth Schüssler Fiorenza que el SEBIP (Servicio Bíblico Permanente) y la Red Ecuménica de Teólogas de La Paz viene haciendo ya hace algunos años.

El primer artículo a cargo de Irene Tokarski nos hace una profunda reflexión acerca de ser “extraterrestres residentes”, es decir ser consideradas tan diferentes que prácticamente en nuestras iglesias nos hacen extraterrestres, pero aún seguimos residentes….

El segundo artículo es una entrevista traducido de la presentación del libro de Elisabeth Schüssler Fiorenza “Discipulado de Iguales” en castellano que la Red Ecuménica de Teólogas de La Paz realizó en diciembre. En esta entrevista la autora nos hace unas puntualizaciones claves para entender a profundidad su trabajo.

El tercer artículo que les presentamos es de Pinky Riva quien nos hace un paseo por su experiencia con el trabajo de Elisabeth Schüssler Fiorenza, la forma en que ella ha influenciado en su teología y en la teología de las mujeres y varones que son parte de la Red Ecuménica de Teólogas en La Paz.

Quisiéramos rescatar en esta ocasión el apoyo de Conexión – Fondo de emancipación sin cuya ayuda no hubiéramos podido traer a la autora ni traducir su libro. Gracias por el apoyo y compromiso con nuestro trabajo.

Esperamos que este número especial les aporte a su trabajo y reflexión. Una vez más agradecer su apoyo a esta iniciativa y desearles éxito en sus empujes.

Simplemente María




A mí me ha tocado o más bien he elegido traducir el capítulo de “Ética y política de liberación teorizando la ekklesia de mujeres”. Y sinceramente me pareció como un resumen de lo que desordenadamente vengo pensando estos últimos años. La pregunta que a mí me da vuelta una y otra vez es “Debo seguir en una iglesia que muchas veces parece que no me deja campo, que no valora mi trabajo, que no puede entender que nuestra crítica es una crítica desde el sentirse iglesia como diría San Ignacio. O debería salirme de la institución que no nos da ningún poder de decisión a las mujeres, que no nos considera dignas de hablar de teología, de enseñar, de evangelizar en el sentido de anunciar la buena nueva de una liberación integral de todo lo que significa muerte.”

Hace menos de dos semanas atrás estuve asistiendo a un evento dónde uno de los expositores -con puesto y posición eclesial- comentaba el conocido “chiste” (en comillas) de por qué las mujeres fueron las primeras testigos de la resurrección: supuestamente este hecho garantizaba la difusión rápida, porque somos unas chismosas, ja, ja, es uno de los muchos ejemplos, cómo nuestro aporte a lo más profundo y a la esencia de la iglesia y sociedad es ridiculizado, minimizado y desvalorizado.

La situación era tan típica: yo había dado un curso que tuvo mucha acogida, principalmente de parte de mujeres, pero no se pudo solamente apreciar este hecho, sino después había que reducirlo (con ese “chiste”) para que no surja la pregunta obvia: ¿Por qué estas mujeres (del tiempo de Jesús y de hoy) que primero han recibido y anunciado la buena nueva de la resurrección no pueden dirigir la iglesia, ejercer su dignidad bautismal, cumplir el encargo que Jesús mismo nos ha dado:

En el ámbito “secular” es muy parecido: Ayer di una exposición a unas ONG’s. Al co-expositor hombre le saludaron de “Doctor” – lo que en cuanto al título académico no es, a mí me llamaron Señorita.

Volviendo a mí pregunta del principio ¿nos quedamos o nos vamos de esta iglesia?, encontré una respuesta conmovedora en el libro de Elisabeth:

Ella propone que nos debemos quedar en la iglesia como “extraterrestres residentes”. Y realmente me siento muchas veces así como extraterrestre: como si fuera de otro planeta, cuando hablo de esta ekklesia de iguales que Elisabeth ha mencionado, iguales no solamente de nombre sino en derechos, con voz y voto.

¿Qué significa alien resident o extraterrestre residente? Significa que soy de adentro de la Iglesia residente con visa, con derecho de estar ahí por mi bautismo, y al mismo tiempo de afuera, no me voy a dejar absorber por las estructuras establecidas, someter a un modo de pensar que solamente es correcto porque “siempre” lo hemos hecho así, aunque no refleje la buena nueva de Jesús. Frente a un pensamiento que según mi conciencia de bautizada no es evangélico me tengo que mantener como extraterrestre. Esta posición de ser al mismo tiempo de adentro y de afuera me da la posibilidad de responder con flexibilidad sin dejarme marginar. Es una posición crítica, en el mejor sentido: Una posición que nos deja discernir cuáles son las estructuras que reflejan mejor la buena nueva de Jesús, para nuestro propio trabajo, pero también en la iglesia jerárquica. Es una posición crítica también para nosotras como personas: no va a ser fácil, sin conflictos, sin difamaciones.

Este ser extraterrestres residentes para el discernimiento no es algo -según Elisabeth- que hacemos solamente para nosotras. Es un servicio para todos y todas que son marginados en nuestras iglesias y en nuestra sociedad tienen un derecho de estar como ciudadanos plenos en nuestra iglesia y también en nuestra sociedad. Así formamos la ekklesia.

Es esta ekklesia que puedo leer en el Evangelio, también en las cartas de Pablo que ha trabajado tanto junto con mujeres. Es esta ekklesia dónde no nos tratamos de “Padre”, Excelencia Reverendísima o Santo Padre sino de hermanos y hermanas en las palabras y hechos, y es este testimonio que necesitamos dar a toda nuestra sociedad donde 9 de diez mujeres sufren violencia. El trato a las mujeres en nuestras iglesias no es un asunto interno, más bien este trato tiene que volverse ejemplar, para ser sal de la tierra y luz del mundo.



En ocasión de la presentación del libro “Discipulado de Iguales” en castellano, el 7 de diciembre de 2011 en La Paz, se realizó una entrevista con Elisabeth Schüssler Fiorenza que transcribimos a continuación:

1. Usted propone un discipulado de iguales. Pero no somos iguales. En este sentido, ¿es válido el discipulado de iguales?

Igualdad muchas veces es entendida como que seamos “similares”. Ahí yo argumentaría que eso es malentendido porque la igualdad es solamente necesaria cuando somos diferentes. La igualdad siempre significa que personas diferentes con diferentes talentos y diferentes trasfondos tienen un estatus igualitario. Eso significaría que el discipulado de iguales significa que se incluye personas con muy diferentes talentos que también tienen un estatus igualitario. La igualdad no debería solamente considerar al género, a la raza, a la clase, a la cultura o a la nación sino también a los diferentes talentos individuales. Por ejemplo, si yo soy una pintora y tú eres un músico entonces es importante que creamos una comunidad que nos reconozca ambos talentos diferentes. Espero que esto haya aclarado que la igualdad no significa similitud.

Nosotros tenemos en la escritura por ejemplo en Corintios el entendimiento de ese discipulado de igualdad cuando Pablo dice que hay diferentes talentos en la comunidad porque toda la comunidad es dotada de espíritu (cfr. 1Cor 12,7-11).

2. ¿Cómo entiende el discipulado?

El discipulado en términos feministas es una palabra difícil, especialmente porque el discipulado siempre se refiere al seguimiento a Jesús, y en la teología dominante Jesús es entendido exclusivamente como una figura masculina. En mí entendimiento el discipulado no significa seguir a Jesús sino más bien significa que con Jesús nosotros y nosotras somos todos discípulos de la visión de Jesús que fue la Basilea de Dios. Basilea es una palabra griega que es muy difícil de traducir porque su significado original se deriva de las estructuras imperialistas. Basileus significa el emperador, y Basilea el imperio, que normalmente traducimos como el Reino o reinado de Dios. Como fuera, esta palabra lleva consigo el entendimiento del imperio greco-romano, por lo que yo lo dejé sin traducir en la mayoría de mis obras. Si quisiera traducir Basilea significaría la visión de Jesús de un mundo alternativo o de un mundo diferente de Dios. Entonces el discipulado de iguales significa que estamos comprometidos de visionar y promover estas alternativas y este mundo diferente de Dios, que es un mundo sin lágrimas, sin sufrimientos y sin injusticia.

3. ¿Cómo entiende la ekklesia-logía crítica feminista de la liberación?

En cuanto a la tercera pregunta: Como puede verse en el libro que Ustedes han traducido, y estoy muy agradecida de que lo hicieron – y desearía estar allí para celebrarlo – yo he cambiado en el título la palabra eclesiología en el sentido de la palabra griega ekklesia. La palabra ekklesia significa la asamblea de ciudadanos plenos. Entonces si queremos entender “ekklesia-logía crítica feminista de liberación” significa que tenemos que analizar los cuatro términos. Crítico otra vez se deriva de la palabra griega que significa crinein o crisis, que significa evaluar o juzgar, es decir estar consciente de los asuntos críticos. Entonces crítico es un término positivo porque exige que tengamos la potestad de evaluar y juzgar cualquiera de las visiones de ekklesia. Feminista es una palabra que todavía es debatida en todas las partes del mundo y entiendo el feminismo como me lo dio una amiga mía: El feminismo es la noción radical que las mujeres son personas, ciudadanas con pleno derecho y responsabilidad, que hace alusión al entendimiento constitucional estadounidense de “pueblo- personas”. Así ekklesia-logía feminista crítica retoma la definición feminista que las mujeres somos ciudadanas con pleno derecho y responsabilidad, porque en el tiempo del Nuevo Testamento Ekklesia significa asamblea de los ciudadanos plenos que toma las decisiones. En la antigüedad, solamente jefes de hogar, masculinos, adinerados y blancos, es decir Señores eran ciudadanos plenos. Mujeres no tenían ciudadanía plena. Pero sabemos que en las comunidades cristianas primitivas se llamaban a sí mismas ekklesias, donde las mujeres tenían membrecía plena. Es decir, en el comienzo del cristianismo tenemos una comprensión radical de ekklesia como asamblea de todos y todas las ciudadanas con pleno derecho. También sabemos que al principio del cristianismo hubo una discusión si mujeres podían ser miembros con voz y voto en la ekklesia, porque Pablo dice que mujeres o esposas deberían callarse en la ekklesia (cfr. 1Cor 14:34-35). Sin embargo, sabemos que mujeres si eran líderes en las ekklesias o asambleas domésticas y que mujeres también participaban en la fundación de ekklesias (cfr. 1Cor 11,5). La última palabra que debemos aclarar es liberación. Esta liberación es necesaria porque durante los primeros siglos, en realidad durante todos los siglos del cristianismo, había un debate si mujeres u otras “non personas” -como dice Gustavo Gutiérrez- podían ser miembros plenos en la ekklesia o Iglesia. Es decir, hay una lucha larga por la ciudadanía plena no solamente en la Iglesia sino también en las democracias occidentales, porque las democracias occidentales igualmente como el cristianismo primitivo son formadas según el entendimiento democrático griego de ekklesia. Por eso, liberación es necesaria en cuanto a las estructuras de dominación que han excluido mucha gente de la ciudadanía plena y del poder de toma de decisiones. Ekklesia-logía crítica feminista de liberación, este libro es un intento de articular las luchas por una ekklesia que sea comunidad de ciudadanos y ciudadanas plenas y espiritualmente empoderadas.

4. ¿Cómo poner en práctica esta visión utópica de la ekklesia?

Yo no pienso que es una visión utópica. Durante la historia de la Iglesia, esta visión ha sido una y otra vez realizada. Podríamos decir que la división de la ekklesia en diferentes grupos y denominaciones cristianas tiene algo que ver con esta lucha. Porque una y otra vez durante todos los siglos del cristianismo gente ha expresado esta visión del discipulado de iguales y también esta visión de Dios. Porque los que determinaron las estructuras dominantes han logrado silenciar la gente.

No debemos identificar

Es importante dar se cuenta que Ekklesia solamente existe dónde el discipulado de iguales es vivido y la gente se reconoce mutuamente como plenamente empoderados y ciudadanos y miembros de la iglesia dotados de espíritu. Así podemos transformar las estructuras dominantes de la iglesia jerárquica: insistiendo en que todos los miembros de la Iglesia son dotados de espíritu, y no solamente los líderes o la jerarquía; demandando que dónde dos o tres son reunidos en el espíritu de Dios (cfr. Mt 18,20), ahí está la ekklesia de mujeres y hombres (of wo/men) y ahí está una comunidad cristiana plena. Es importante para feministas entender que ekklesia no solamente sucede en nuestra propia denominación y que trabajemos para juntar nuestras fuerzas para construir la ekklesia más allá de las diferentes denominaciones, inclusive es posible a través de diferentes religiones

Espero que esto haya sido una introducción útil para los lectores de su libro y les deseo una maravillosa presentación y fiesta.



A lo largo de estos años de vida teológica me he acercado a la obra de Elisabeth Schüssler Fiorenza, su obra escrita en la que destaca desde luego “En Memoria de Ella” y un acercamiento personal por medio de cursos, talleres que dio los últimos cinco años en América Latina.

Con ella he descubierto (aunque no lo sabe), una nueva forma de entender la teología, de entender mi posición en la iglesia, mi manera de leer la Biblia. Es un itinerario largo el que he hecho. Todavía recuerdo cuando descubrí su “hermenéutica critica feminista de la liberación” que desarrolla en su libro “Los caminos de la Sabiduría” y cuán importante fue para mí como biblista una herramienta que haga una deconstrucción a la tradición de textos bíblicos que invisibilizan a las mujeres en la historia de las Iglesias. Pero al profundizar en esta “nueva hermenéutica” me faltaba algo y por un tiempo no supe que era. Hasta que le escuche hablar del “discipulado de iguales”. Esta expresión que me emocionó, fue la que me hizo el click que a lo largo del camino y que de alguna forma profunda alumbró mi búsqueda. ¡Discipulado de iguales! Desde que me cautivó, la añadí a reflexión y praxis de fe.

El discipulado de iguales es esa realidad en permanente construcción que hace que YHWH se haga presente entre nosotras y nosotros, se haga con nosotras y nosotros, hermanas y hermanos en la fe (Jn 13,34-35). Somos iguales porque a través de Cristo nos reconocemos como hijas e hijos de Dios, y eso redunda en una práctica relacional fundada en este sentimiento de solidaridad, de koinonia, de ser ekklesia hacia dentro y hacia fuera.

El discipulado de iguales significa que mujeres y varones deben compartir y acceder a las mismas responsabilidades en el seno de la iglesia sin discriminación por razón alguna. Ya sé, como católica, que la experiencia inmediata de las mujeres es que en la historia oficial son los varones los que siempre ocupan los puestos con poder de decisión. También sé por mi trabajo ecuménico que lo mismo pasa en las iglesias evangélicas en el país: de los varones es el ministerio sacerdotal/pastoral y casi sin excepción las diaconías. El discipulado de iguales acabó significando de alguna manera para mí que las mujeres tenían que ser iguales a los varones, es decir, hacer lo que ellos llevaban tiempo haciendo. ¡Pero pensando así estaba justificando aquella mediación exclusivamente masculina! Se me escapaba entonces que nosotras tenemos también la autoridad para ser “pastoras”, pero no porque ellos lo sean y lo hayan sido, sino por derecho propio, porque también somos imagen de Dios y formamos parte de su creación. Somos también iglesia (1Cor.12:12-19).

Esta afirmación tan tajante e importante para el desarrollo de mi vida cristiana. Considero que es algo de la sabiduría de negarse a estar donde no hay espacio para la diferencia. Porque no me llama el ser sacerdote(a) pastor(a), diácono(a), anciano(a) o cualquier otro servicio. No “entro” en un molde ya dado y construido por años y años de tradición, algo así como una personería jurídica o una representación corporativa, como si el ministerio fuera algo preconcebido en el que se encaja o no, como un neutro que hay que llenar - y desde luego yo no encajo. Tal concepción anula la diferencia de ser mujer o varón, entre otras muchas, porque dado que el ministerio está construido a imagen de varones, que lo han ocupado durante siglos, el neutro que pretende ser no existe. Hay que ser conscientes de que muchos varones que lo han ocupado tienen virtudes, pero también tienen vicios a causa de una tradición que les da poder absoluto. Por tanto, no se trata de que ahora las mujeres podamos y (¡por supuesto que sí!) debamos ser sacerdotes, pastoras o diaconas, sino de cambiar la concepción tradicional de estos cargos que es androcéntrica, patriarcal y kyriarcal, alimentada por un sólo caudal de experiencias. Porque a la hora de ser sacerdote o sacerdotisa, pastora o pastor, no se trata de reproducir los cánones establecidos sino de demostrar que “otra iglesia es posible”, una iglesia en la que cabemos todas y todos una iglesia, en la que seamos iguales y así podamos discipular en igualdad.

Ha llegado la hora de incorporar a quienes estamos viviendo en el exilio, en la frontera como le llamo yo, lo que no quiere decir que, aunque les pese a algunos, no sigamos siendo parte de esta Iglesia a la que amamos y por la que trabajamos incansablemente para hacerla un lugar en el que la presencia de YHWH, en la que podamos ser hijas de Dios. Algunas personas se preguntarán de qué estoy hablando, pongamos algún ejemplo: A lo largo de mi vida me ha tocado asumir “alguna responsabilidad” dentro la iglesia como catequista y ministro de la eucaristía, además éstas me cayeron muy joven cuando estaba descubriendo mi ser cristiana laica en la Iglesia gracias a organizaciones como el Centro de Promoción del Laicado “CEPROLAI”, que me formó y en el cual después trabajé. Al estudiar seriamente los documentos de la iglesia y descubriendo en ellos la palabra profética de un Juan XXIII por ejemplo o chocarme de lleno con la teología de la liberación que nos regaló un bello documento de Puebla, sentí la necesidad seria y responsable de estudiar para poder así “servir” de una forma más eficiente, más responsable en el fondo. Es así que me puse a estudiar teología y posteriormente biblia que siempre ha sido mi pasión.

Supongo que al ponerme a estudiar y convertirme en alguien con piense en esta iglesia que “me abrió los brazos” en mi juventud y en mi ignorancia, ahora me cierra las puertas sistemáticamente. Mis estudios y mi compromiso me han convertido en una persona “peligrosa”, “amenazadora”, “divisionista”, cuando lo único que quiero es que con lo poco que puedo ofrecer logre que el corazón les arda en el pecho a las personas que vienen a nuestros cursos, talleres, charlas. Así como les ardía el corazón a las personas del camino a Emaús (Lc 24, 32b).

A YHWH, al Dios de Jesucristo, le gusta vernos como realmente somos, como mujeres y varones particulares y diferentes, todas y todos sin embargo, conocidas y conocidos por Él, quién nos conoce por nuestro nombre -como conoce la particularidad de todas las estrellas del firmamento-. Seamos, pues, constructores del discipulado de iguales, sacerdotes, pastoras, no importa, pero seámoslo por ser quienes somos, no a pesar de ser quienes somos.

El libro “Discipulado de Iguales” me ha dado algunas pautas como trazar estos caminos de igualdad y sabiduría. La Red Ecuménica de Teólogas de La Paz, nos ha proporcionado una traducción parcial de esta búsqueda por dónde ir haciendo y tratándose como iguales. Solamente puedo recomendar la lectura y el estudio de estos artículos que hasta ahora no estaban disponibles en castellano.

































Irene Tokarski es teóloga y periodista. Nacida en Alemania, vive desde hace 15 años en La Paz. Estudios en teología, pedagogía, política y periodismo en Múnich, Augsburgo, Buenos Aires, Tubinga y Bamberg, finalizando con el doctorado en ética social cristiana. Es docente en la Universidad Católica Boliviana y en el Instituto Superior Ecuménico Andino de Teología, como especialista de Doctrina Social de la Iglesia en la Fundación Jubileo y miembro del SEBIP. Volver a la lectura































Red Ecuménica de Teólogas de La Paz, viene trabajando hace diez años sobre la hermenéutica crítica feminista de liberación de Elisabeth Schüssler Fiorenza; obviamente al mismo tiempo realizando una diversidad de otras actividades como la realización del Día Mundial de la Oración de las Mujeres, teatro callejero de un juicio contra Pablo como misógino, dos congresos de la Red Ecuménica de las Teólogas en Bolivia, dos tomos de “Mujeres haciendo teología desde Bolivia”, muchos talleres con diferentes grupos como la Red de Mujeres, etc. Volver a la lectura































Pinky Riva es laica, católica, biblista, realizó sus estudios de Biblia en la Universidad Bíblica Latinoamericana (UBL) de San José – Costa Rica. Coordinadora del Servicio Bíblico Permanente( SEBIP), parte de la Red Ecuménica de Teólogas de La Paz. Volver a la lectura