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EDITORIAL

VIDAS RESTABLECIDAS

LA PAROUSÍA DEL SEÑOR

¿QUÉ SIGNIFICA LA PARUSÍA DEL SEÑOR?

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EDITORIAL

Siempre es una alegría acercarnos a ustedes desde “Aire de Dios”. El SEBIP (Servicio Bíblico Permanente) para este 2009 ha realizado una planificación de actividades que triplica las que realizamos el año pasado. Cuenta con seiscursos - talleres en los cuáles se trabajarán las siete cartasdel apóstol, misionero del mundo urbano “Pablo”, celebrando el año dedicado a este gran personaje.Dos cursos - talleres uno con el tema “lectura popular de la biblia” y el otro dedicado a la “Literatura apócrifa”. Cada sábado del mes de septiembre celebrando el mes de la biblia tendremos las Jornadas de estudio y Reflexión Bíblica además del trabajo con las distintas áreas de la página web.

Durante el mes de enero Bolivia ha vivido un proceso diferente de una pugna entre dos polos que dividieron a los bolivianos en dos: Los del “NO” y los del “SI” o los del “SI” y los del “NO” que terminaron en la aprobación de la nueva “Constitución Política del Estado” a finales del mismo mes de enero. Dentro de esta realidad el SEBIP dentro su propuesta de estudio sobre Pablo realizo e primer taller dedicado a la “Primera carta a los Tesalonicenses” se trabajó la Parusía como señal de esperanza, con una buena respuesta. Tenemos dos artículos sobre este tema, el primero respecto a los contenidos del taller dado por Virginia Quezada y el segundo una reflexión teológica de Irene Tokarski sobre el mismo tema.

La misma esperanza que el artículo de Sofía “Vidas restablecidas” nos muestra un acercamiento desde la esperanza que cada año tenemos referente a la salud tan importante en un medio donde el acceso a atención médica es tan escaso y precario, la conexión que nos hace de la salud “occidental” con la sabiduría en cuanto a la medicina de nuestros pueblos desde esta realidad nos presenta una relectura de un texto poco conocido como es el libro de Tobías.

Esperamos que este material sea de ayuda e sus comunidades.

Prisca





Introducción

Al iniciar el año, la mayoría deseamos una vida con buena salud, porque creemos que al estar saludables todo lo que anhelamos es posible que se vaya forjando, y afectivamente es así. También no podemos estar ajenas y ajenos frente a la epidemia del dengue que está afectando la salud de muchas hermanas y hermanos de las zonas tropicales de Bolivia. Así como ésta epidemia, las enfermedades llegan en el momento menos esperado y conllevan sufrimiento y dolor para la persona y para las y los que la rodean. Y en nuestros países donde la atención de los centros de salud es tan deficiente, a veces se tiene que lamentar secuelas o consecuencias mayores, como la muerte, por falta de atención médica.

De un tiempo a esta parte, en nuestro país, vemos con mucho interés la posibilidad de recuperar o hacer dialogar la medicina ancestral y la medicina científica, para prestar un buen servicio de la salud, sobre todo en los espacios rurales. Sin embargo es preciso que en los espacios urbanos nos acerquemos a los aportes de la medicina ancestral, no a la medicina natural comercial que se nos ofrece como la panacea que cura todo y de inmediato, sino a la alquimia que desarrollaron las y los antepasados de nuestras tierras.

Degustando un texto bíblico

En esta ocasión que tocamos el tema de la salud, quiero presentar un texto bíblico que nos relata la curación de dos personas: una mujer (Sara) y un hombre (Tobid). Esta narración se halla en uno de los libros poco leídos, me refiero al pequeño libro deuterocanónico, Tobit.

En la narración entre otros temas, hallamos a dos personas enfermas:

? Tobit: un hombre mayor que sufrió una accidental ceguera a causa de las nubes provocadas por los excrementos de unos pájaros (Tob 2:10b).

? Sara: una mujer joven, que era víctima de un demonio malvado que atacó a su siete esposos, provocándoles la muerte (Tob 3:8).

Ambos personajes deseaban morir, a seguir recibiendo insultos y humillaciones a causa de su enfermedad:

Tobit, después de haber vivido una vida de servicio y honradez, no pudo recuperarse de su enfermedad pese a que había consultado a muchos médicos. Un día en su oración, dijo a Dios: “Manda que me quiten la vida, para que yo desaparezca de este mundo y me convierta en tierra. Prefiero morir a seguir viviendo…” Tob 3:6.

Sara después de recibir los insultos de una criada de su padre, “se puso muy triste y empezó a llorar. Luego se subió a la parte alta de la casa de padre, con la intención de ahorcarse” Tob 3:10. Pero veía que no era la salida, entonces pidió a Dios: “Manda que me vea libre de este mundo, para no tener que oír más insultos…” (Tob 3:11 – 15).

Según el texto, la oración de ambos llegó a la presencia de Dios y envío al ángel Rafael. Pero interesantemente el ángel no actuó sólo, aunque fue él que orientó la acción de la curación, hubo otro personaje que la ejecutó, nos referimos a Tobías, hijo de Tobit.

El punto central, tiene que ver con el camino, por lo narrado en el texto: Tobías y el ángel (que se presentó como un acompañante que Tobit buscaba para su hijo) y el perro salieron de camino, para recuperar el dinero que tenía depositado Tobit. Pero en la primera noche de camino, Tobías se acercó al río Tigres para lavarse los pies, y allí un pez amenazó con morderle el pie, pero qué iba a saber Tobías que su amenaza fuera al salvación tanto para Tobit su padre y para Sara su futura esposa. Veamos de qué modo se orienta la acción en el capítulo 6: 1- 9.

v. 1 En camino a Ragues de Media.
v. 2 Tobías es atacado por un pez.
vv. 3 – 4 Sigue las instrucciones del ángel.
v. 3 Agarra el pez
v. 4 Le saca la hiel, el corazón y el hígado.
v. 5 Luego se puso a asar el pescado
v. 6 Siguen de camino
v. 7 Pregunta al ángel sobre las propiedades de la hiel, el corazón y el hígado.
vv. 8 – 9 La respuesta es que el corazón y el hígado, elimina los ataques del demonio o espíritu maligno. Y la hiel cura las nubes de los ojos.

En los capítulos 8 y 11 vemos que se realiza la curación a través de Tobías. Pero en el relato de los capítulos 6 y 7, los planes de Tobías tienen otro matiz, se planea una boda inesperada. Tobías se casa con Sara, porque creyó en las palabras del ángel, y tuvo fe en que el humo del hígado y corazón del pescado ahuyentaría al demonio que atormentaba la vida de Sara, y así fue. “El olor del pescado no dejó acercarse al demonio, y esté salió huyendo por el aire hasta la parte más lejana de Egipto” (8:1 – 3).

Después de haber vivido las dos semanas de boda, Tobías al llegar a la casa de su padre, hizo todo lo que el ángel le había dicho, “Le sopló en los ojos y le dijo: ¡Ten confianza, padre! Enseguida le aplicó el remedio, luego, con ambas manos, le desprendió las nubes de los extremos de los ojos” Tob 11:11 – 12.

De esa manera Sara y Tobit quedaron libres de los males que los atormentaban. No llegaremos a determinar las enfermedades, pero el texto presenta a Tobit con una enfermedad física, en cambio Sara es presentada posiblemente con una enfermedad psíquica.

Del texto narrado con tanta calidez, debemos rescatar que Tobías usó los elementos que la naturaleza le ofreció. Por lo que la salud de Tobit y Sara se restablece a través de acciones concretas, quemando el corazón e hígado para espantar al espíritu maligno y ungiendo la hiel para despegar las nubes. Pero esto no podía ser posible sin la orientación del ángel.

La sanidad o el restablecimiento de la salud para muchas y muchos, genera situaciones de desesperanza, el texto al que nos acercamos nos invita a buscar las alternativas que la medicina de la sabiduría natural de muchos pueblos nos ofrece. Pero no debemos pensar que esto se la puede hacer de cualquier manera es preciso seguir las orientaciones de las y los alquimistas que viven su vocación como don. Esperemos que en estos tiempos, logremos cultivar y acercarnos a los saberes ancestrales que tienen mucho que aportarnos al restablecimiento de nuestra salud, no sólo física sino también la psíquica.



(Para quienes compartieron el curso conmigo, y para quienes quieran saber alguito sobre la Segunda Venida del Señor)

Probablemente lo que le diga no es nada nuevo, pero vea: La generalidad de las personas, como usted y como yo, nos dejamos atrapar por el ritmo de la vida diaria. Ese ritmo nos enfrasca desde muy jóvenes en situaciones que van desde quévamos a comer el día de hoy, qué vamos a estudiar, dónde vamos a trabajar, qué destino nos depara la vida y otras preguntas que si uno las organiza adecuadamente usted se dará cuenta que dan lugar para el trabajo de muchos adivinos/as y agoreros/as , que prometen resolverle la vida en “siete fumadas poderosas”, o que le devuelven al ser amado “en 24 horas”, o le ofrecen abrirle el camino hacia un trabajo espectacular, entre otros.

De ese modo afanados y ensordecidos como estamos, con problemas grandes y pequeños, muchas veces olvidamos o desconocemos algo muy importante como es el tema de la “Parousía” o la “Segunda Venida del Señor”; y es que en verdad se ha comercializado tanto el tema del “Adviento” como la venida de Cristo en Navidad que terminado el ciclo navideño guardamos, en muchos casos, nuestras esperanzas con los últimos adornos del pesebre o del árbol, dependiendo de su tradición y entonces a correr y correr.

Les comparto todo eso, porque no soy muy diferente de ustedes, y hacer una relectura de la Primera Epístola a los Tesalonicenses, junto a ustedes ha refrescado no solo mi memoria como biblista, sino sobre todo mi corazón.

Esa Segunda Venida que viene con juicio, pero sobre todo con esperanza, me hizo recordar que nuestra fe como cristianos y cristianas del siglo XXI se renueva permanentemente a través de las nuevas lecturas y hermenéuticas que hacemos de la Palabra del Señor.

Que más les puedo decir, sino que permanezcan en la fe, que perseveren en la oración y que separen unos minutos de cada día para recordar ese “Maranatha” de los cristianos de primeros siglos.

Gracias por compartir su tiempo, gracias por compartir su vida.




¿Qué significa la parusía del Señor casi 2000 años después de que Pablo escribió la carta a los y las tesalonicenses? La deliberación y discusión sobre este tema en el curso del SEBIP en enero ha sido uno de los momentos más ricos de teología ecuménica que he vivenciado en los últimos años.

Nos movimos ente los conceptos de adviento, apocalipsis, revelación, parusía, epifanía y arrebatamiento – términos que están muy presentes en el primer documento del Nuevo Testamento. Obviamente la comunidad de Tesalónica estaba esperando la venida del Señor como un evento inmediato, por eso surge la pregunta “¿Qué pasará con los que ya han muerto?” (cfr. 1Tes 4,13-18) Los cristianos del año 50 vivían con una esperanza inmediata hacia la parusía del Señor. Una situación así obviamente tiene ventajas y desventajas. La esperanza inmediata nos pone en una situación de “y ¿si mañana fuera el último día de tu vida?” Nos anima a no dejar nada para más tarde, a vivir a todo pulmón, sin reservas, a dar nuestro testimonio del Resucitado dónde sea agradable, pero también dónde nos esperan resistencia y persecución. Esta actitud de vigilancia y atención es algo básico de la espiritualidad cristiana y el evangelio se nos exige en muchos textos, por ejemplo en la parábola de las diez vírgenes (Mt 25,1-13). Por otro lado, la inmediatez del fin del mundo, nos puede tender también trampas como de no respetar el ritmo de cada uno, forzar las cosas y dejar atrás nuestras obligaciones cotidianas que pueden parecer irrelevantes frente al fin de los tiempos. ¿Para qué trabajar, estudiar, construir un hogar acogedor, si mañana estamos en el Reino de los Cielo? La comunidad de Pablo responderá a esta actitud equivocada con la frase: “Quién no trabaja, no coma.” (2Tes 3:10)

El fin del mundo siempre ha sido también una esperanza importante para los más pobres y los perseguidos. Las comunidades del Apocalipsis sobreviven la persecución en la esperanza del juicio final que les hará justicia. Donde la vida es casi insoportable, el fin es una esperanza.

Pero además, en situaciones extremas como persecución o pobreza extrema fácilmente empezamos a dibujar el mundo en blanco y negro, en buenos y malos, fieles e infieles, creyentes y no creyentes, etc. Pero el mundo que Dios creó y que nos confió siempre tiene de todo y no se dibuja en blanco y negro, y tampoco se puede dividir. En cada uno y una de nosotras hay amor y agresión, hay luz y sombra, miedo y esperanza, rechazo y aceptación dela y el otro. No somos tan diferentes, aunque seamos collas y cambas, yankees o latinos, hombres y mujeres, griegos o judíos, porque todos somos uno en Jesucristo como Pablo nos dice en la carta a los Gálatas (cfr. Gal 3,28). El intento (y más aún la obsesión) de dividir el mundo y los otros en buenos y malos, más habla de nosotros mismos que de la realidad: Para deshacernos del lado oscuro dentro de nosotros lo trasladamos hacia los otros, perseguimos y discriminamos en los otros lo que no podemos soportar e integrar en nuestra propia vida.

Una y otra vez podemos escuchar en grupos fundamentalistas de nuestras iglesias la condenación de lo mundano, nos hablan de los escogidos santos frente a los condenados, del resto sagrado frente a los pecadores, etc. – con más frecuencia en situaciones difíciles o por ejemplo antes del milenio amenazándonos con el fin del mundo. Normalmente eso es un indicador que no asumimos nuestra vida y nuestro mundo, que nos dejamos llevar por el miedo a apartarnos de lo que significa ser humano - en lugar de encarnarnos cada vez más como lo hizo Dios en Jesucristo. Si no asumimos lo que somos y este mundo (que Dios ha creado bueno) tal cual como es, no podemos ser redimidos, no podemos ser transformados ni podemos transformar. Para eso, para la transformación final esperamos al Señor. Y este Reino de Dios ya está entre nosotras si le damos cabida – aunque falte construirlo juntos.


































Sofía Chipana nació en La Paz – Bolivia. Es religiosa de la Comunidad Religiosas TerciariasTrinitarias. Trabaja en la ciudad de El Alto – La Paz - Bolivia. Realizó sus estudios bíblicos en la Universidad Bíblica Latinoamericana (UBL) de San José – Costa Rica. Volver a la lectura


Virginia Quezada es Pastora de la iglesia del Nazareno, realizó sus estudios de Biblia en el Seminario Bíblico Nazareno de San José – Costa Rica Volver a la lectura


Dra. Irene Tokarski teóloga alemana especialización en ética social y manejo de conflictos realizo sus estudios en la universidad Bamberg – Alemania. Vive en Bolivia desde 1996. Volver a la lectura