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EDITORIAL

MI CUERPO, MI REINO

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Aire de Dios 12


EDITORIAL

Nos acercamos a ustedes en esta oportunidad con el desazón de no haber llegado a ustedes con la habitual regularidad que “Aire de Dios” tiene, el equipo ha estado de lleno en las pruebas de la página web que nuestro colectivo está preparando es así que el presente número que corresponde al mes de noviembre nos ha rebotado y ha sido muy difícil recuperarlo.

Con el fin de ponernos al día con nuestros lectores a quienes agradecemos por sus cartas de preocupación sobre nuestro boletín pensábamos hacer un número doble, sin embrago debido a la cantidad de información que tenemos para compartir con ustedes hemos decidido hacerles llegar dos números seguidos con información diferente, esperando le sea útil en el trabajo pastoral que viene realizando.

Queremos hacerles llegar en este Nº 12 un importante trabajo realizado por un la joven teóloga Beatriz Jurado sobre el cuerpo el Reino una propuesta que es vital en este tiempo en que nos toca vivir en el que por un lado las mujeres tratamos de recuperar nuestros cuerpos como lugar vital y teológico desde el cual aportamos a la construcción de una sociedad diferente,por otro ladola autora, nos hace la propuesta desde la comida, nos hacer reflexionar acerca de qué y cómo estamos tratando los alimentos, a partir de este primera reflexión nos introduce en el tema del Reino de una forma muy creativa y que pondrá luces en lo referente al tratamiento de esta temática.

Es siempre un privilegio dirigirnos a ustedes desde “Aire de Dios” agradecerles la fidelidad, la preocupación por el trabajo que nuestro colectivo viene realizando, tanto desde este boletín como desde las demás actividades presenciales que desarrolla.

La cananea





Este trabajo tiene tres pilares básicos: la mujer, el cuerpo y el alimento. Primero, evidenciamos una serie de dicotomías que justifican y generan relaciones de dominación, de poder y de discriminación en nuestra sociedad. Éstas van conformando, a partir de sistemas y estructuras bien determinadas (el patriarcado y el capitalismo) el sistema/mundo que hoy sufrimos. En un recorrido que nos sitúa a niveles distintos: a niveles públicos y privados, sociales e individuales, objetivos y subjetivos, situamos al cuerpo y a la mujer en lugares de clara inferioridad social.

Partiendo de la teología feminista latinoamericana (que pone en el centro de su reflexión el papel de la mujer en el mundo, a partir de ciertas exigencias éticas de igualdad, justicia y dignidad, inspiradas por la actitud de Jesús), interpelamos este mundo patriarcal y capitalista. Es así que como praxis urgente en la construcción del Reino de Dios (aquí y ahora), identificamos a la soberanía alimentaria como posible paso de dignificación, tanto de la mujer como del cuerpo. El alimento se torna así en un espacio sobre el cual podemos armonizar nuestra vida (digna, cultural y somáticamente hablando), con la naturaleza (ecosistema particular de cada persona y de cada colectividad).

DEL ALIMENTO A MI CUERPO

“Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios”

Nosotr@s los seres human@s, somos parte de la naturaleza y por tanto de un determinado ecosistema; somos parte de una red trófica o red alimentaria .

Como consumidores omnívoros venimos a ser en esta cadena o red, los “súperpredadores” (ver gráfico 2), y nos queda bien el término, porque arrasamos con todo y encima queremos exterminar la variedad que nos es ofrecida, queriendo crear un único y más “competente ecosistema”. Esto nos lleva a pensar en los grados de irracionalidad que conllevan los intentos de agotar la tierra en sus nutrientes y fertilidad. Para tratar el tema de la alimentación debemos poner la mirada sobre este tema: la preservación del equilibrio ecológico en medio nuestro. Esto como apunte, para pasar a tratar el siguiente punto.

Niveles nutricionales de un ecosistema.

“El ser humano andino percibe mucho las relaciones entre las sensaciones de su cuerpo y los lugares por donde camina” , o sea que cada persona, según donde vive, tiene determinadas formas de percibir el mundo y su relacionamiento con la naturaleza propia del lugar; por consiguiente, con sus alimentos, sus sabores, sus olores, su forma de prepararlos. Esto ya lo evidenciaron los grandes intelectuales al hablar de soberanía alimentaria y del respeto que debería haber a la producción local y a la propia autodeterminación de los pueblos sobre su alimentación. Decidir sobre qué queremos comer, es parte de la cultura. La tierra, fecunda madre de todos , nos va brindando lo que necesitamos, si la tratamos de forma no objetual, es decir sin afanes de explotar sus recursos.

El alimento, la comida, es por lo que vivimos y trabajamos: no en vano se dice “somos lo que comemos”; no en vano ésta es una de las mayores preocupaciones actuales en todo el mundo. Desde el Vaticano, pasando por las grandes transnacionales, hasta los pequeños agricultores, todos están tratando el tema con minuciosidad. Y por supuesto es nuestra preocupación cotidiana, de nosotras las simples mortales, las mujeres…

Históricamente se nos ha construido pasivas en contraste a la actividad y creatividad masculina. Se ha negado nuestra plena acción en la supervivencia humana, al haber sido delegada la responsabilidad en nuestro género de las actividades cotidianas, que entre las más importantes, se encuentra el procurar el alimento para la familia. Qué comer, y cuánto comer; para qué nos alcanza, qué nos nutre mejor, qué alimenta nuestro cuerpo y deja “contento” a nuestro espíritu… Es por estas tantas preguntas, que hicimos una revisión puntual de la importancia del alimento en nuestras vidas; de la importancia de nuestras vidas y de nuestros cuerpos en la existencia y permanencia de la vida y sobre todo de la importancia de la actividad humana femenina en esta tarea.

“Una teología que ensalce como “santas” las cualidades estáticas y pasivas, que identifique la espiritualidad con el no compromiso y la contemplación, que considere mundana y sin importancia religiosa la actividad de sustentar la vida humana, esa teología no puede haber sido articulada por mujeres.”

La teología pre-conciliar nos lleva lejos de nuestras necesidades inmediatas y aleja nuestra fe de nuestros cuerpos. Espiritualizada en exceso, pone de relieve las formas intimistas de acercamiento a Dios y mantiene las relaciones a niveles excesivamente espirituales, descarnados, alejados de la vida.

Nuestro acercamiento a Dios no puede dejar de lado la relación existente entre Dios-cuerpo-alimento. Esta relación nos permite pensar en lo concreto que es el Reino de Dios para cada una de nosotras, manifestado en cada una de nosotras y en cada contexto vivido por nuestros pueblos. Y porque creemos que es en verdad el “hacer” lo que nos hace “ser”, nuestra fe debe ser corporeizada en una praxis que tiene que tomar en cuenta el cuerpo y esta fundamental “lucha humana por la vida, en nuestra comprensión de Dios.”

IGLESIA Y TRANSGÉNICOS

¿Cuál es nuestra intención de reflexionar ante todo, sobre las palabras de nuestra Iglesia? Principalmente porque debe interesarnos el parecer de nuestra comunidad oficial sobre estos temas, porque estas posiciones nos representan y porque además tienen un peso particular en el mundo globalizado, así que no podemos dejar de considerar aquí la posición de la Iglesia en relación a los Organismos Genéticamente Modificados OGM´s (más conocidos como transgénicos).

Este interés es generado porque nuestro cuerpo, lugar privilegiado de nuestro encuentro con Dios, en el que se manifiesta nuestra historia (y en el que en última instancia se manifiesta la felicidad o el sufrimiento), por ende lugar sagrado en términos soteriológicos, merece atención especial con respecto de su salud. Y un elemento casi fundamental en esta relación que venimos tratando: cuerpo-mujer-alimento, resulta en nuestra atención sobre este alimento que hoy promete ser la “solución al hambre en el mundo”: los OGM. El cuerpo, su dignidad de espacio sagrado y la mujer y su dignidad de imagen de Dios, tienen su relación directa en el alimento, en su producción, en su generación. No podemos dejar de lado esta dimensión material imprescindible para la sustentabilidad de la vida.

Supusimos encontrar información en la página del Vaticano que pudiese ayudarnos en nuestra protesta contra estos alimentos… y lo supusimos por conocer la posición de la Iglesia Católica en relación a la clonación, los anticonceptivos, el aborto, o muchos otros “atentados de la ciencia contra la vida”… Debemos decir que en mucho tiempo no encontramos nada, hasta que navegando nos enteramos de un seminario llevado a cabo en noviembre del 2003 titulado: “OGM´s: amenaza o esperanza”, del cual se esperaba una posición clara del Vaticano en relación con estos nuevos alimentos.

Algunos personajes de la jerarquía del Vaticano (en ese entonces), como el cardenal Renato Martino, Presidente del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz, o Meter Raven, miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias, declaraban que existía una “tendencia positiva del Vaticano para evidenciar los beneficios de las tecnologías transgénicas” para resolver el problema del hambre en el mundo. A raíz de este seminario y de estas declaraciones muchas personalidades del mundo católico, asumieron posiciones muy críticas en estos seminarios (¡gracias a Dios!), por el impacto que podrían tener los OGMs sobre la salud humana y sobre la población pobre del mundo que se intenta “salvar”. Por tanta controversia este seminario se disolvió para prevalecer ante todo la unidad de la Iglesia…

Posteriormente a esto, el 24 de septiembre de 2004, se realizo una conferencia, organizada por la embajada de los EEUU en la Santa Sede y la Academia Pontificia de Ciencias, que se denominó "Alimentar un mundo hambriento: El imperativo moral de la Biotecnología". Como en la anterior oportunidad de debate sobre los transgénicos, la mayoría de los expertos invitados, estaban a favor de este tipo de organismos modificados (demás está notar el especial interés de los EEUU en la aceptación de estos cultivos y sus industrias…).

Es vital en este momento recordar a dos jesuitas Roland Lesseps y Peter Henriot que en el 2002 convencieron al gobierno de Zambia (África) a rechazar la ayuda alimentaria ofrecida vía el World Food Program por contener OGMs en su composición; es muy importante conocer el parecer de estos dos sacerdotes jesuitas con respecto a esta conferencia:

"Hay ciertamente un imperativo moral en asegurar que todos en nuestra familia humana tengan suficiente comida y una dieta bien balanceada... El camino más seguro para la eliminación del hambre y la malnutrición es eliminar la pobreza y las estructuras de injusticia social que subyacen. Estas son las raíces que causan el hambre, no la falta de suficiente producción de alimento. No es equitativo ni sustentable hablar de aumentar la producción de alimentos sin puntualizar la distribución del alimento… La falta de comprensión de este hecho, es a nuestro entender el defecto básico al planificar el programa de la conferencia. (…) Un segundo defecto en la planificación de esta conferencia es la ausencia en el programa de la consideración de métodos probados para mejorar el estado nutricional de la familia humana, métodos que son superiores, más baratos, más sustentables, y más adaptados a agricultores pobres, que los cultivos de ingeniería genética”

No estamos juzgando la ciencia y la biotecnología , sino los resultados de esta, los beneficios que buscan alcanzar… es realmente evidente que lo que falta en el mundo no es el alimento en sí, sino el dinero para tener acceso a éste. Como también lo evidencian en sus declaraciones los jesuitas antes mencionados, el alimento producido por los agricultores es suficiente para los siete mil millones de personas en el mundo, pero “vergonzosamente este no es distribuido justamente: mientras millones sufren hambre y malnutrición otros sufren de obesidad.”

No creemos realmente que los miembros de la Academia Pontificia de Ciencias, respetados científicos, no vean más allá de lo que les muestran… En varias entrevistas realizadas a diversos miembros de esta entidad se rescata los beneficios de la biotecnología, pero no se llega al meollo del asunto o simplemente se lo pasa por alto… así que la reflexión debe partir desde nosotras, desde nuestros cuerpos, desde nuestros hogares. El decidir qué comer y como prepararlo es parte nuestra y de nuestra dignidad, es nuestra “soberanía alimentaria”, pero no olvidemos que mientras dependamos de los “grandes” pensadores para poder comer, estaremos olvidando nuestro vínculo con la tierra y nuestra obligación de lograr el Reino de Dios aquí y ahora, porque es ahora cuando merecemos la felicidad, porque es aquí donde debemos vivir el Reino…

BIBLIOGRAFÍA

Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation.
CEB (Conferencia Episcopal Boliviana)2000Carta pastoral “Tierra madre fecunda para todos”. Una Iglesia que camina con su pueblo: mensajes comunicados y exhortaciones. La Paz: Presencia.
FLORES LIZANA, José C.2006“Antropología del cuerpo en la cultura andina quechua”. En: Teología Andina Tomo II. La Paz: ISEAT/Plural
HENRIOT, P. y LESSEPS, R.2004 “Transgénicos y la Santa Sede: ¿Imperativomoral?” por GRR. http://www.boidiversidadla.org/content/view/full/10553
ICEI (Instituto Cooperazione Economica Internazionale) 2004 “La Iglesia y los OGMs”. http://www.radiovaticana.org/spa/articolo.asp?c=11166
ROSSELLS MONTALVO, Beatriz2003“La gastronomía en Potosí y Charcas, siglos XVIII, XIX y XX. En torno a la historia de la cocina boliviana”. 2da edición. La Paz: Instituto de Estudios Bolivianos.
VALENZUELA, Sara2003“Soberanía Alimentaria” En: Uribe, Marcelo (Ed.) Perfil participativo de la vulnerabilidad a la seguridad alimentaria (PMA). La Paz: Naciones Unidas.
WILDUNG HARRISON, Beverly[1990] 1997“La fuerza de la ira en la obra del amor: ética cristiana para mujeres y otros extraños” En: Loades, Ann (Ed.). Teología Feminista. Bilbao: Desclèe de Brouwer

































Beatriz Jurado es teóloga, realizó sus estudios en la Universidad Católica Boliviana, parte de la Red Ecuménica de Teólogas de La Paz. Volver a la lectura